Veintiséis años han transcurrido desde que la guerra terminó en Nicaragua y el país tuvo una nueva oportunidad para reinventarse, desarrollarse y luchar contra la pobreza. Desde entonces algunos creímos que en el turismo tendríamos ventajas competitivas importantes para impulsarlo como motor del desarrollo. Debíamos sin embargo primero erradicar la percepción internacional de ser un país sumido en el conflicto y la guerra.

Con muy poco presupuesto pero con mucha determinación nos dimos a la tarea, empresarios y autoridades de turismo, de cambiar esa percepción y nos tomó muchos años revertir esa imagen negativa que no nos permitía emerger como destino turístico, mientras al mismo tiempo se creaba el marco normativo necesario para impulsar las inversiones  requeridas para desarrollar la industria.

Hoy el turismo representa una de las principales fuentes de divisas para el país colocándose en el 2015 como el principal producto de exportación con $528 millones de dólares, si se consideran los impactos no solo directos si no también los indirectos y los inducidos el sector representa por encima del 11% del PIB del país y una de las mayores fuentes de empleo, con lo cual su efecto en la reducción de la pobreza es innegable.

Los positivos resultados obtenidos al día de hoy por esta naciente industria del turismo, obtenidos sin contar con una clara política de estado que favorezca su desarrollo, nos llevan a concluir que debemos dar el salto definitivo que nos permita transformar esa visión de inicios de los noventa en realidades contundentes que hagan posible contar con un poderoso  motor para reducir pobreza.

Lograr lo anterior implica tomar la decisión de cambiar el modelo económico basado en la agricultura que solo produce un 3% del PIB y que por más de sesenta años no nos ha permitido salir del subdesarrollo ya que reduce marginalmente la pobreza, un modelo económico que no mejora significativamente la equidad.

Los resultados alcanzados por países que han optado por un modelo económico basado en el turismo, así como los resultados que en Nicaragua el turismo ha obtenido a pesar de todas las limitaciones y la falta de una política clara, nos llevan a concluir que la alternativa  para alcanzar nuestro desarrollo es el cambio de nuestro modelo económico por uno que priorice el turismo como motor de ese desarrollo.